K en la costa

Bueno, creo que un fin de semana fuera de la casa de mi padre no me va a venir nada mal. ¡Después de tantos días de la oficina! Esta semana la calle Talcahuano parecía pedir a gritos que la dejen de pisar los colectivos y los transeúntes corriendo de la avenida Córdoba a la avenida Corrientes y en sentido contrario. Un amigo, Maximiliano Brodsky, me prestó la casa de la Costa, para pasar unos días, fin de semana y el lunes, que amablemente la Dra. Ana Maya me cedió sin preguntar.

Cuando pude terminar con la última de las cartas, que envío normalmente, me dirigí a la terminal de Omnibus de Retiro, pregunté en varias ventanillas hasta dar con una que tuviera lo que buscaba: un boleto para las 19 hs. del mismo día, viernes, con destino a Las Toninas. Yo tenía mi bolso preparado con mi ropa, cuaderno, lápiz y sacapuntas, algunas lapiceras, y el juego de mate que alguna vez me regaló mi hermana (nunca supe por qué, pero esta vez sirvió).

Durante el viaje me pregunté qué era lo que estaba haciendo. Luego me di cuenta que no encontraba respuesta para eso. Me ocupe de pensar en la última de las cartas que envié. Era una carta a una joven, supongo, llamada Lucia Verónica López: AVISO PREVIO A JUICIO. Se trata de un caso de estos en que la gente saca ropa en C&A y no paga, el estudio se ocupa de esos casos. La deuda es de $ 858.44 pero le daban la oportunidad de cancelar todo por sólo $ 343.38, en un pago o en cuotas. Hasta diez cuotas. Pero el tema es que la dirección podría ser errónea con lo cual nadie se enteraría de la notificación. La dirección es Miró 732 dto. 3. Miró como Joan Miró, pero en los documentos decía sólo Miró, puede llegar a ser otro Miró, o algún tipo que miró fuerte a alguien. Para el caso ya había pasado la bandeja con un trocito de carne caliente, una papitas y un arrolladito de jamón. Contrariamente a lo que observa la gente por mi delgadez a mí me gusta la carne, también tomo cerveza de vez en cuando. Ya eran casi las diez de la noche cuando terminó una película de japoneses que se mataban con luces de color verde cuando me dormí.

Claro cuando me desperté era ya más de medianoche y el micro paró en San Clemente. A los 20 minutos debía bajarme. Me armé de fuerzas y me abrigué tanto como pude, en noviembre las noches son frías. Mucho más en la Costa. Baje. Un taxista envuelto en mantas dormía dentro del auto. Golpeé el vidrio hasta que se despertó. “Hasta la tres entre cuarenta y uno y cuarenta y dos”. Esa noche me costó mucho dormir. Tenía cuatro camas para dormir, creo que elegí la peor, tenía resortes en las costillas cuando me desperté. Eran más de las nueve de la mañana.

Me hice unos mates y salí para ver un poco el pueblo. Tenía que buscar un mercado para comprar agua y al menos una galletitas. Si conseguía queso y aceitunas era para hacer una fiesta. La suerte estaba conmigo, hasta ahí al menos. Conseguí todo y más. Tuve que caminar unas siete cuadras. Regresé a la casa de Max y dejé las cosas. Ya eran casi las doce del mediodía. Armé la mochila de mano y me fui a la playa, el día estaba despejado. Mucho azul en el cielo, pocas nubes.

Comí muy bien, el queso era muy bueno y las aceitunas carnosas. Cuando pienso en algo carnoso me acuerdo de los labios de una compañera de la oficina. Siempre lleva faldas a lo Audrey Hepburn y el pelo recogido. Siempre impecable.

Cuando hubo un poco de viento me puse al reparo entre las dunas. Estaba terminando mi cerveza cuando saqué mi cuaderno. Las lapiceras no andaban, no hubo caso. Retomo la lectura de mi cuaderno cuando me acuerdo del lápiz. Lo encuentro donde esperaba.

Sin embargo uno a veces es feliz. Estar vivo es demasiado. El frío del pasillo, la remera sobre mi cuerpo como cuando era un niño, el guardapolvo a cuadros azul y blanco, rozándome. La música, el alcohol, la cama, calor, mi cuerpo, es demasiado.

No entiendo si lo que escribo es parte de un relato. Busco el sacapuntas, no lo encuentro.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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6 respuestas a K en la costa

  1. Rafa dijo:

    Qué increible es caminar solo en la playa, me pasa lo mismo, y cuando estoy frente al mar siempre pienso que es demasiado, demasiado. Cada tanto voy a un hotel en san clemente que tiene un par de habitaciones con balconcito precario mirando al mar… una birra, un cuaderno y un libro, sentado ahí, uff, qué bueno.
    Hermoso texto

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  2. Ana dijo:

    Me encantó! La forma en que está escrito, el ritmo cuando lo leés, esa sensación inconmensurable de viajar solo/a.

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  3. Silvana dijo:

    “Sin embargo uno a veces es feliz.”
    Hermosa frase, hermosa idea.
    Porque es cierto, la felicidad esta ahí. De a ratos y a pesar de todo.

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