Viaje sin fin

Subí al tren en la estación Primera Junta. Llegaba tarde al trabajo. Hacía frío, el días más frío del año. Llevaba mis botas negras, medias negras, pantalón oscuro, camisa azul, saco marrón de lana, mi abrigo largo negro con algo de blanco. Bufanda negra. Pelo con gel. Antes de bajar al túnel vi el sol brillar y caer sus rayos por sobre todo. Vi el celeste intenso del cielo.

No leí ni escuché música como de costumbre. Una vez en el tren mi ansiedad por llegar a destino desapareció. Ya no podía hacer nada. Sólo viajar. Rodaron las ruedas de metal (sobre el metal). Acero viejo y cansado por uso y el paso del tiempo.

Tomó el tren por el carril izquierdo como siempre. El túnel estaba iluminado con los tubos fluorescentes de siempre. Cada tanto alguno apagado. Calma en los pasajeros acurrucados en sus abrigos, los que podían en sus asientos.

Velocidad normal. Estación Acoyte. Suben los otros que nos miran extraños. Moviendo sus cuerpos incómodos en el vagón. Los miramos extrañados, nos adaptamos unos a otros. En la siguiente estación ocurre lo mismo con los nuevos pasajeros. Seguramente ocurrirá lo mismo en todas las estaciones. Los nuevos siempre miran extrañados, el aire viciado los incorpora.

Ocurrió que el tren no se detuvo en Castro Barros. En el andén no había pasajeros, en la estación Loria pasó lo mismo. Los pasajeros pajeros no se inmutaron. Nadie pareció advertir que el tren no se detuvo en dos estaciones. O, tal vez, como yo lo advirtieron, pero no hubo reacción.

El tren siguió por el túnel iluminado a retazos por los tubos. Siguió y siguió. El túnel tiene curvas pero no hay estaciones. Nunca llegó a Once. Con su ruido habitual siguió corriendo por las vías. Una extraña calma me sobrecogió. Me sobrecoge. Hace ya un tiempo que estamos de viaje y nadie se mueve de su lugar. No hay cambios o los hay y nadie los advierte. El ruido  acompasado del tren es inalterable. El túnel construido hace más de cien años es interminable. Es un viaje calmo y uniforme.

Hace mucho tiempo que permanezco parado junto a la puerta esperando un andén. Hace mucho tiempo espero que el tren tenga donde detenerse. El viaje es confortable.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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2 respuestas a Viaje sin fin

  1. carlos dijo:

    Extraño , diferente , premonitorio , no hace mucho tiempo viajando en la misma linea de subte , paso por mi mente algun pensamiento similar , cosa que nunca me sucedio viajando en omnibus por las calles de Buenos Aires , casualidad ? o fantasmas que muchos tenemos y no sabemos o no nos animamos a decirlo , interesante.

    Me gusta

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