Otro almuerzo

Es en una casa grande, con una escalera de mármol, pasamanos madera, de principios del siglo pasado. Es mi restaurante preferido. Te invité casi sin pensarlo. Me imagino que aceptaste casi sin pensarlo, también. Nos encontramos dentro del lugar, un lugar sumamente agradable. Vos estabas preciosa, no te veía desde hacía muchos años.

Hablé con el mozo, que era mi amigo, le pedí que me corte un pedazo carnoso del lechón que estaba sobre una gran mesa. La mesa estaba llena de comida, de lo más diversa.

Te vi subir las escaleras. Vi tu blusa blanca que se alejaba, tu cabello oscuro suelto sobre tus hombros. No te vi más.

Traté de conseguir una mesa para dos, pero no había. Salí de esa habitación para buscar una mesa para dos. Los mozos del salón grande me consiguieron una mesa para tres. La levantaron y la ubicaron “donde correspondía”.

Una vez conseguida nuestra mesa regresé al primer salón, al pequeño. Estaba completamente lleno. Se escuchaba música que venía de los pisos de arriba. Subí para buscarte. Luego de la escalera de mármol seguían tramos angostos de madera muy dura. Se iban bifurcando en tramos aún más angostos en los que uno sólo podía seguir subiendo si iba agachado.

Una cantante deleitaba al público en un escenario improvisado. Todos estaban muy contentos. La voz de esa mujer era maravillosa.

¿Cómo recuperar mi plato de lechón? Por suerte mi amigo S, el mozo, me guardó la mejor porción. Salí al patio del lugar y estaban comiendo mi padre, mi amigo R, y mi primo en una mesa larga.

Ah. Qué alegría comer al aire libre con esas tres personas. Qué alegría no tener que necesitar nada más (a pesar de las miradas de algunos curiosos que nos rodeaban).

Cuando termino el almuerzo caminé hasta mi casa; en el camino me compré un anafe rojo que guardo ahora junto a una videocasetera que ya no uso.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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2 respuestas a Otro almuerzo

  1. Rafa dijo:

    Y si, a veces (pero no siempre), el tres garpa más que el dos. Sobre todo cuando el tres funciona tan bien que imperceptiblemente desemboca en la n de la mesa larga…
    Evidentemente, la mesa de tres fue bien colocada por los mozos, diestros en el arte de dominar el espacio y el tiempo.
    Lástima que las videocaseteras van dejando de funcionar, es una pena…

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