Excusas 21

Me asomo por la ventana y pienso, mirando pasar gente por la calle: vivimos en la misma ciudad. Siempre pienso lo mismo, lo pienso a veces. Es un pensamiento estúpido. Sin embargo no puedo dejar de tener en cuenta este detalle. Este pequeño detalle.

Parece mentira que pueda cruzármela nuevamente; una y otra vez. Es inevitable. Sus supuestos viajes a su antiguo barrio,su oficina a tres cuadras de mi casa, lugares comunes como las calles de ciudad, el tren de la línea K.

Pero hay un pensamiento que está por debajo de todo esto. Es el pensamiento o la creencia de que ella existe y hay algo en eso que me alarma. Bueno, eso que me alarma, la creencia o la certeza de su existencia es lo que no me deja dormir. Y esto es precisamente lo que no me debe importar. Fue la misma existencia, su existencia y su vida la que me rechazaron ampliamente. Con desprecio. No digo que sea su culpa, ya hablé de esto mucho, escribí mucho pero no puedo sacarme de la cabeza algo de esa existencia. Un resto. Ese resto es el que queda y me da miedo, ese resto es la posibilidad de verla nuevamente, es un resto imborrable. ¿Qué tiene que ver ese resto conmigo?

Mucho, mucho, mucho. Es mi línea de fuga, de pérdida, el palo en las ruedas, es el mal, es mi clavo en el corazón, la espina en mi costado, son todos los impedimentos para no escribir, para no organizar nada, para no dormir, hacen que siga una semana después, sólo pensando en este pequeño texto.

Ese resto, este resto, es mío. Es lo que me inmoviliza y me hace pensar que no puedo retomar mi vida después de ella. “Si ya fracasé una vez, ahora no es posible poder entablar una nueva relación, ya no son posibles la relaciones sexuales satisfactorias, ya no es posible el amor, no de la forma en que lo fue con ella”. Todo esto que se me cruza realmente por la cabeza parece un chiste, pero no lo es. Tampoco es algo real, pero aparece, como por arte de magia.

Escribir, escribir, escribir, acerca de ella. Ya pasó tanto tiempo; sin embargo sigo nombrándola en mis diarios, en conversaciones, en análisis. Esta semana le mencioné a R la foto en la que está sentada con una taza en la mano. Encontré una foto de Liv Ullman en la que tienen el mismo gesto. Ambas sentadas frente a la taza. Podría escribir sobre ella por horas recordando cosas de ese pasado ya lejano. Pero no tiene sentido.

No tiene sentido, pero igual me acuerdo de su cumpleaños. Falta una semana. Es el próximo martes. El año pasado fue un lunes; así, etc.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s