Lucía habla de Clara (5)

Lucía terminó de leer la nueva novela de Marcelo. Le pareció que todo estaba en un tono exagerado; la imitación de la prosa de Osvaldo Lamborghini, demasiado vulgar. Donde comen los perros no sería la mejor novela de la obra de Marcelo Castagno, quien tiene por delante mucho que escribir. Esta es su única preocupación. Eso hará que tenga una obra voluminosa el final de sus días. No será un Balzac, pero…

Lucía conoció Marcelo en la presentación de su primera novela, cuando él aún no era conocido, había publicado hasta ese momento solo en su blog. Que la Editorial M aceptara su material fue para Castagno una revelación. Marcelo ni bien la vio supo que al menos hablarían esa tarde de mayo. Rubia de ojos celestes, anteojos, tetas chicas pero caderas que debajo de su pollera eran una esperanza para el joven escritor. Lucía había leído la novela antes de pedirle que le firmara el libro.

Él la miró y sonrío. Ella lo conocía de vista de la Facultad y lo había visto en la foto de una entrevista en Radar. Lucía no pudo articular un saludo o un pedido. Marcelo tomó la copia de Algunas y le preguntó su nombre. Él escribió: “Para Lucía y sus hermosos ojos mi cariño. M. Castagno”. Ella tomó su libro sin leer la dedicatoria, quiso decirle algo antes de darle las gracias: “Sos un mente podrida”. Marcelo no se sorprendió, sabía que era cierto, aunque no se lo esperaba. “Gracias”, agregó Lucía.

En ese momento el responsable de la editorial invitó a un brindis. Marcelo brindó con su editor y trató de ser amable con el resto conversando en algunos grupos. Claro, llegó, así, hasta Lucía.

– Ché, perdoname.

– ¿Por?

Por lo de mente podrida.

Está muy bien. Es cierto. – contestó el autor sonriendo – Hasta mi madre logró identificar cosas de mi vida en mis textos.

Ahora, con la desilusión de la lectura reciente Lucía lo esperaba a Marcelo con una noticia atípica.

– ¿Cómo se llamaba la chica esa que salió con vos? – ridícula ¡Si ella lo sabía!

No sé de qué me estás hablando…

¡Clara!

Ves que sabías… ¿qué pasa con Clara? – Marcelo nervioso.

Bueno, es que la vi, es la mina que conocí en el viaje.

– Lucía, no me jodas, hoy tengo mucho que hacer, y no almorcé aún.

Ok.

Lucía va a la cocina. Marcelo la sigue.

¿Cómo se te ocurre decir una boludez así? – enojado.

Marcelo, no es una “boludez así”. – Imitándolo –  Te digo que la conocí y estuve con ella casi toda la última semana del viaje.

Pero… y ¿cómo está?

Bueno, supongo que bien.

Mercelo preguntó detalles. Lucía le respondió. Le dijo que era una mujer linda, que no aparentaba la edad que tenía, que ni de casualidad su cuerpo denotaba que había estado embarazada.

– Bueno y tiene un hijo de tres años.

¿Cómo que un hijo? ¿De quién? ¿Estuvo embarazada?

–  Supongo…

– ¡Tres años! ¿Cómo estaba de vacaciones en ese lugar sin su hijo?

–  No sé; se lo cuidó su madre…

– Y… ¿el padre? – Marcelo perdido en su cabeza

– ¿De quien?

– Del pibe

Es una nena, Elena.

No… Elena… ¡No puede ser tan hija de puta! – Estaba por dar explicaciones – Es el nombre que…

Elena es el nombre que había elegido Castagno para el hijo que no tuvo con Clara. A ella le encantó, queda demostrado.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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2 respuestas a Lucía habla de Clara (5)

  1. rafa dijo:

    Estaba seguro que entre este y el anterior había un sólo capítulo, pero ahora veo que este es el número 5… es así? Nos tenés esperando dos capítulos intermedios?

    Igual, acá, le faltó cintura a Marcelo para no demostrar tanto interés en las novedades… si Lucía ya estaba medio molesta con la situación, esto no puede ayudar. Hablando de cadenas, se le soltó un poco a Marcelo en esta, ja

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    • En el medio hay dos capítulos más. Uno de ellos es una reseña de la segunda novelas de Castagno: Sin lugar a don de ir. El otro capitulo, al igual que el primero está escrito por Clara, ahí ella cuanta como fueron algunos días posteriores a la separación con el joven escritor.
      Castagno no tiene cintura, Rafa. El pibe tiene talento escribe bien, pero no deja de ser un cliché. Y cae en todas. Si Lucía le hable de algo que le molesta él pica de una, no deja pasar ninguna. Está claro que me hace reír mucho que se perezca a mi.

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