Autorreferencial

Durante años escribí pensando en los puntos de inflexión de mi vida, en aquellos que fueron hitos, que son recordados con alegría o sufridos con eterna melancolía. Básicamente dos, mi supuesta felicidad hasta los seis años y mi primer amor casi veinte años después.

A partir de esos dos momentos se gesta un sujeto nostálgico, triste, introspectivo, alcohólico, pesado, desmotivado… siempre pensando en que esas pérdidas son imposibles de recuperar.

La foto con la señorita Olga a los seis y la luz del sol que nos iluminaba como… como si el que ve esa foto recién hubiese salido de la caverna y tomase contacto con la verdad. Eso era la belleza y el bien.

Y claro después lo otro. Ella, sus ojos azules, su cuerpo a mi medida, todo eso que yo me imagino que ella fue y que persiste como una roca dentro mío. Esa roca que no es más que un peso muerto, que es la historia hecha piedra y monumento, es lo que impidió que me mueva durante tanto tiempo.

Ahora… “Estoy en casa, apenas puedo escribir, estoy comiendo queso, acabo de abrir una cerveza”. Así se repite en mis diarios la misma entrada.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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Una respuesta a Autorreferencial

  1. Charli***** dijo:

    La entrada que se repite tiene una luz muy de Amos Oz . Me gustó. Sí.

    Me gusta

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