Extraño 2

El dolor era en la cabeza, en el medio de la frente. No podía dejar de escuchar música. Un sonido de cuerdas con una batería de fondo marcando un ritmo lento, pero firme. Las cortinas azules tapaban todas las paredes, incluso la puerta – cosa que descubrí con el paso de los días -. Cuando hablo de días es algo muy relativo, simplemente el tiempo pasaba y sabía que no saldría de allí por un tiempo.

El dolor de cabeza era en parte por mi abstinencia al alcohol. Pero a pesar de la dolencia había algo que estaba seguro que sería mi problema: no tenía voluntad. La música no paraba, era mi propio cerebro el que recordaba una música o, lo que es más probable, creaba música, porque era algo que no recordaba haber escuchado. No tenía muchos recuerdos. Con la música se repetía a modo de letra un nombre: Karen. No tenía idea de quién podría ser ese nombre, que por momentos me daba esperanza y en otros me daba el peor de los temores.

La luz se mantenía siempre con la misma intensidad, me permitía ver lo que comía y me permitía dormir algunas horas cada tanto. Con el paso de tiempo el dolor de cabeza se fue y mi cuadro de deshidratación , hasta ese momento constante, también. Cada vez que tenía hambre aparecía comida, siempre verduras hervidas y carnes magras. A pesar de haber un grifo en la habitación llegaban botellas de agua cerradas.

Estar en ese hábitat de luz azul se hizo normal y no recuperaba las ganas de hacer algo. Lo cierto era que nunca tuve cosa alguna por hacer que no fuese una obligación. Mi vida dedicada a una carrera que no quería hacer, que sufrí a cada paso como un desgarro en la carne. ¿Cómo podía haberme quedado quieto en ese lugar, en las frías aulas de una facultad de ingeniería gobernada por los silencios y las cabezas ocultas en los cuadernos de álgebra? El alcohol fue mi mejor escape desde siempre, para evadir mis pasiones ocultas y mi miedo a las relaciones con las mujeres, mis fracaso en mi matrimonio, mis relaciones encubiertas, mi poca esperanza en las personas, mis trabajos que siempre fueron contratos a largo plazo de algo que no me despertaba pasión…

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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