Fotos

Muchas fotos. En casi todas hay paisajes. Aparecemos en muchas por separado, en algunas, las menos, juntos. En las que no estamos los dos se nos puede ver como impostando una sonrisa o gesto para el otro. Pero lo fuerte es ver en las que estamos juntos. Completamente enamorados.

En mis diarios puedo ver siempre por adelantado el final de muchas cosas. O, mejor dicho, no puedo ver. Escribo, por ejemplo, “creo que esto no está bien, claramente no funciona”. Sin embargo hago como si jamás hubiese escrito eso, ni lo hubiese leído luego. Cuando ya todo el asunto terminó lo puedo leer y decirme “ah, claro, ya lo sabía”. Debería confiar un poco más en lo que escribo en mis cuadernos.

Con las fotos es distinto, porque generalmente se ve mucho más: una situación, un viaje, más gente completando el cuadro; y, a la vez, mucho menos: no puedo ver lo que sentía en ese momento, ni mucho menos ver lo que los otros sienten. Se ve un aspecto de todo, un corte. 

Vos, apareces en las fotos como forzando el gesto, siempre. Tiendo a pensar que no estabas del todo contenta en ese momento; me refiero a las fotos del viaje. Te veo hermosa en todas esas fotos… cosa que no pasó cuando hace unas semana atrás te crucé en la puerta de un teatro. Me diste tanto asco… que además tuve que sentirme triste. El destino es cruel por más que uno haya almorzado milanesas.

Viendo las fotos entiendo perfectamente que no podía no enamorarme, tu piel era la invitación a todo lo que yo deseaba. Claro, lo era. Aunque, tal vez, ambos supimos desde un primer momento que lo nuestro era finito.

Aun así, no deja de darme tristeza. Todo. El mundo. Esas fotos en las que nos abrazamos y tu mano se posa sobre mi pecho. Ahora, eso sería algo impensable. Nunca algo es definitivo, pero puede ser claro. Cuando uno se siente parte del otro hay claridad; cuando uno queda fuera de la vida del otro, también. No ser parte de alguien es eso, que no te emocione nada del otro, ni lo bueno, ni lo malo: no está más.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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