Domingo

En el 2007, diciembre de 2007, me mudé a un departamento en el barrio de Pompeya. No era en la parte de Pompeya del puente, sino en la zona que queda atrás del Parque Chacabuco cerca de la avenida Riestra. Encontré una casa vieja muy grande con ventanas amplias, había sido reformada. Tenía una gran incógnita antes de mudarme, era su patio común. Me imaginé que compartir un espacio no sería buena idea. Pude despejar todas las dudas la primera madrugada que amanecí ahí. A las 7.15 sonó el timbre de los vecinos.

Esa noche yo no había casi dormido. Entraba mucha luz por las ventanas, o no tenía ganas de dormir, no sé. Desempaqué algunas cajas con libros y me puse a tratar de acomodar y mientras hojeé algunos. Encontré marcado:

La mujer resultaba aburrida, pero su persona era una deliciosa invitación a la procreación. Los hombres que la miraban deseaban al instante cargarla con bebés. Sin embargo, todavía no había tenido ninguno. Hacía uso del control de natalidad.

En Matadero cinco, Kurt Vonnegut

Esa cita siempre me divirtió, porque siempre quise escribir eso y nunca encontré el tono correcto. O tal vez nunca lo escribí, simplemente.

Como decía, a las 7.15, más o menos, sonó el timbre. Cayó el abuelo de los niños y 7.25 estaban todos en el patio tomando mate y comiendo pan con manteca. Eran un matrimonio con dos pibes, varones. El padre les arreglaba la bici. En un momento me asomé por la ventana, no estaban puestas las cortinas, ni nada. Me vieron y todos, los cinco, me hicieron señas para que los acompañe.

Me sentí confundido.

– Hola Ernesto – cuando Ernesto me atendió en el teléfono directo.
– Vos Lorenzo sos pelotudo, son las siete y media de la mañana de un domingo. Sí, vos sos pelotudo.
– Bueno, che es que no pude dormir y los vecinos me están invitando a tomar mate y les dije que me esperen un poco que tenía que hablar por teléfono.
– Pero, ¿por qué no vas a tomar mate con esa buena gente? Te dije que estoy con esa mina…
– Sí, sí, sabía, pero quería contarte algunas cosas. Me compré La evolución creadora de Bergson y estuve viendo las últimas páginas en las que habla de Kant y tenía algunas dudas que me gustaría que veamos, cuando vos puedas, claro. Pero, además, quería contarte que soné con el libro, pero el título era La revolución creadora. Y hablaba de la sustanciación y transustanciación en la obra de Michael Bolton. Bueno, no quería dejar de hacerte partícipe de esto.
– Escuchame Lorenzo, son las siete de la mañana, ¿te parece que me envíes un mail con esos comentarios y a la tarde los vamos viendo?
– No tengo internet aún. Mirá tengo una cita muy buena, algo que encontré recién: La mujer resultaba aburrida, pero su persona era una deliciosa invitación a la procreación. Los hombres que la miraban deseaban al instante cargarla con bebés.
– Uh, está buenísimo. ¿De quién es?
– De Vonnegut.
– Loco, no es lo que me pasa con esta mina.
– ¿Dónde está ahora?
– Está durmiendo. Mirá anoche me hizo unos fideos, después estuvo todo bien, no lo paso mal, pero no me dan ganas de hacerle un hijo. Creo que si me quedaba sólo anoche y me hacía una paja ahora estaría durmiendo como un angelito, bueno, si vos no me llamabas.

La conversación se extendió como una hora, cosa que ocurre casi siempre que lo llamo a Ernesto.

Mientras los vecinos disfrutaban del sol de diciembre. El padre aceitaba las bicicletas, el abuelo leía Crónica, los pibes le daban a la pelota número cinco, con todo, contra mi ventana. La señora de la casa tomaba sol y les decía a los niños que no pateen esa pelota contra mi ventana y los niños le decían que no lo harían más, pero seguían.

– El tipo les engrasa la bici – decía yo como parte de la descripción de las actividades desarrolladas en el patio. – Uno se imagina que como el tipo tiene esposa la pone todos los días, que no para de ponerla, aunque se aburra. Él debe pensar que yo, como soy soltero, la pongo todo el tiempo. A ver quien la tiene más dura…
– Ok, te cuento algo, pero… esta minita no quiere coger, ya van varias veces que nos vemos y no pasa nada, duerme con pantalones.
– No.
– Sí.
– Uh qué mal. Yo pensé que…
– Si.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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