Una historia real

Hace poco me contaron una pequeña historia. Es breve, pero en ella todos los personajes cambian su vida por completo. Me entusiasme mucho al oírla, quien me la contó tenía mucha información por ser allegado a las dos partes principales así que tenía muchos datos. Lo primero que le dije al narrador era que la historia era un buen relato para mi blog. Esto lo entusiasmo mucho más y siguió contando pormenores. Cuando me puse a tomar nota de toda la sucesión de hechos me di cuenta de que efectivamente era una muy buena historia, pero no había conflicto. Todos lo implicados toman partido de lo que le pasa a cada uno sin – al menos por los datos que tenía – conflicto alguno, sí hubo pesar, malentendidos, momentos de profundo malestar, pero no hubo furia ni situaciones violentas.

Traté de pensar la historia como algo que no fuese real para hacerlo ficción. Hubiese querido hacer una historia en donde hubiese golpes y corridas por la calles, o, al menos, un frasco de mermelada reventado contra el techo. Nada de eso pasó en la historia de Elisa.

Después de terminar mis primeras anotaciones decidí que iba a contar un breve relato sin agregar nada a la historia inicial de mi amigo. Decidí, entonces, contar las cosas como habían ocurrido, con la rareza de que los personajes parecen resueltos y maduros ante lo imprevisto.

Una tarde de diciembre se cruzaron Elisa y Marcos en Entre Rios y Chile, ambos iban enfilando para el lado del Congreso. Creo que fue un 7 de diciembre. Estuvieron conversando en una esquina unos quince minutos. Él se acordó de que había un bar cerca que vendía un pan dulce riquísimo yendo para el lado de Independencia. Comieron dos porciones de ese pan acompañado por una cerveza negra. Ella habló de su reciente convivencia con su novio, de su nuevo trabajo, de algunos planes de trabajo para el año siguiente. Marcos no habló mucho, él consideraba que su vida no mutaba demasiado a lo largo de los años, nunca lograba terminar de establecerse con una mujer y eso hacía que se sienta estancado.

En marzo del año siguente Marcos se enteró de que Elisa estaba embarazada. Su reacción fue imperceptible para los que estaban con él: una lágrima humedeció la córnea del ojo derecho.

Marcos siempre consideró a Elisa como una hermosa mujer, no podía entender que fuese tan cálida, que su cara fuese perfecta, que tuviese semejante culo y ese hermoso par de tetas; todo esto lo sentía mucha gente, la consideraban todos especial, única. Las compañeras de oficina pensaban eso también pero nadie la envidiaba sencillamente porque es una buena mina. En un mundo tan corrompido aún permanecen valores que parecen caducos, pero sólo muy pocos lo saben. Elisa pensaba que Marcos, era simpático, medio pesado e infantil (en realidad pensaba que era un pelotudo, pero tamizado por su forma de ser quedaba en infantil).

Pasó un tiempo Elisa tuvo una hija hermosa que se llama Ema. Cuando Marcos las vio juntas le dijo a ella: ahora que te veo con tu hija tengo un problema, no sé cuál es la cosa más hermosa del mundo si ella o vos. Los que estaban cerca de ellos lo tomaron como una salamería más de Marcos. Pudo haber sido, claro, pero también es verdad que Marcos a pesar de sus maneras era sincero. Y con el tiempo las cosas decantan, como vamos a ver.

Ema cumplió un año y vivía con su familia, la cual todos creían perfecta y muchos otros tomaban como modelo. El padre de la niña es un buen hombre, Pablo, tiene un buen trabajo como productor de músicos de jazz, no le va nada mal. El conjunto de los tres era digno de verse.

Por esa época Elisa vuelve a cruzarse con Marcos. Una tarde, un viernes, se cruzan en la calle nuevamente. Fueron a tomar un café pero a la casa de Marcos, se habían cruzado cerca de su casa. Marcos le dijo que estaba tan linda como siempre. Ella se lo tomó con cierta seriedad, evidentemente. No me queda muy claro si ese mismo día hubo algo más que un beso. Parece que Marcos contó sólo lo que tenía que contar.

A los tres meses alquilaron, Elisa y Marcos, una casa grande, con tres habitaciones, en un barrio muy tranquilo, cerca de un parque. Ahora Ema tiene cuatro años, le dice papá a Pablo y a Marcos. Elisa se muestra enamorada de Marcos. Marcos tiene una vida que siempre quiso.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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