Locación

En diciembre de 2010 muere en un accidente automovilístico el escritor Marcelo Castagno. En ese momento iba acompañado por su esposa Lucia Beltrán que salió ilesa del accidente, ella y su embarazo. Hasta el momento la pareja no tenía idea de esto último.

A la muerte del joven escritor lo sobrevivió un hijo y una novela póstuma. Dicha novela, editada por Lorenzo Ibañez, se publicará a fin de año por la editorial M completando la publicación de las cuatro novelas escritas por Castagno.

Con motivo de dicha publicación entrevistamos al Dr. Juan Carlos Valle (docente UBA, investigador CONICET) para consultarle qué opina acerca la obra de Castagno dentro del panorama de la literatura argentina. Valle considera que si alguna vez hubo un canon en la literatura argentina no se refuerza sino que se autodestruye. Dice:

Lo que vemos con el paso del tiempo es que es posible que haya nuevas escrituras, que se renuevan constantemente y fluyen, lo que hace que cualquier selección posible sea imposible. Actualmente, y como nunca, hay muchos escritores buenos, con esto no quiero decir que lo importante sea la cantidad sino que estos escritores se leen entre ellos y se nutren entre sí. Entonces ya no es necesario saber quienes son los canonizados (y quienes no). Lo importante es el movimiento que eso genera, publicaciones de editoriales independientes, autoediciones, blogs, hacen que la producción sea muy intensa.

¿Lo que nos dice es que no es posible un canon?

Lo que digo es que es una estupidez hacer una selección de escritores. No soy el primero que lo dice. Hablar de Literatura, con mayúscula, es hablar de Borges y el resto no son más que aprendices, imitadores o lamebotas. ¿Qué se puede esperar de un escritor que no usa su nombre hasta el momento en que se cree escritor?1 Nada. 

¿Cuándo se es escritor, entonces?

Lo más normal, lo que les pasa a los escritores jóvenes es que cuando dicen que son escritores es que les pregunten qué publicaron. Bueno, ahí está el error, son escritores no publicadores. Eso es lo que tiene claro la nueva generación, escriben y no esperan a envejecer y que los publique Anagrama y ser un fiasco como Piglia, en su última novela, Blanco Nocturno.

¿Como cree que queda la obra de Marcelo Castagno en el panorama actual del mundo literario?

Castagno siempre fue un pelotudo, en mis clases nunca pudo argumentar una idea. Nunca entendió nada, pero supo sentar el culo y escribir, sabiendo que esa era su única pasión. De esa forma pudo encontrar la forma de canalizar la angustia que le causó siempre el mundo actual.

Esa angustia…

El tema de la angustia está presente en las cuatro novelas. En general como desconfianza hacia las relaciones personales, la incomunicación,  los desencuentros. En Donde comen los perros (2010) esto cambió mucho. Castagno ya no desconfiaba de las personas en general sino en cualquier tipo de relación y esa desconfianza se convirtió en un divague metafísico y mental, que se convierte, a la vez, en un odio desmedido en las relaciones sexuales y en el contacto con los demás. Esto en su novela póstuma, Locación (2012), muta en amor por las palabras, las palabras como artefactos de construción, sin despojos metafísicos (como en el resto de su obra). La influencia del último Wittgenstein es fuerte en sus últimos años de vida.

Los temas son los mismos que en las dos primeras novelas ¿cuál es el cambio?

En Locación, es verdad, aparecen los mismos temas que en las primeras dos novelas (Donde comen los perros es una caso excepcional porque es la única que novela que no es autobiográfica), pero él ya no deja lugar a la interpretación, cuenta sólo lo que está pasando, cómo está pasando, sin análisis, y ese es su logro, enfrentarse con el ente, pero no al modo de una lista de supermercado sino como obra. No son muchos lo casos históricamente de escritores que hayan logrado esto. Por ahí el más cercano es Antonio Di Benedetto, pero más me gustaría compararlo con Yonqui de William Burroughs.

1Referencia a Julio Cortázar: Valle ha criticado en reiterados artículos a Cortázar por firmar sus primeras obras con seudónimo. 


Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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