El viaje de Luther

El gato Luther vive en un barrio de calles de tierra. Luther es todo negro y siempre está lleno de polvo. Además, tiene grasa sobre su pelo porque ayuda al mecánico de la cuadra. Bueno, en realidad, toma sol y el mecánico lo acaricia de vez en cuando.

Luther soñó, mientras dormía la siesta bajo un árbol, con la Michi ¿Era la Michi? Luther soñó con un gata hermosa como la Michi.

gatos-adlf-retLa Michi es una gata hermosa, cariñosa, peluda y muy dormilona. Su pelo tiene un poco de marrón, otro poco de negro y mucho blanco. Ella duerme sobre un almohadón mullido y perfumado.

Cuando se despertó el desfachatado animal peludo y negro sintió en su pecho felino ganas de conocer a esa gata.

No lo dudó y salió a recorrer el mundo en busca de la gata de sus sueños. Hizo tres cuadras para un lado y vió a muchos hombres, mujeres y niños.

Caminó algunas cuadras y entendió que por esos lugares no había muchos gatos. En todas las casas había perros, perros muy grandes con mandíbulas enormes y chorreantes. Grande fue la desilusión de Luther al saber que no encontraría por esos lugares a su amor. Luther no desesperó.

Decidió cambiar de rumbo e hizo unas cinco cuadras para otro lado. Caminó y caminó. Cruzo un arroyo saltando sobre unas piedras, no se mojó ni un pelo. Al cruzarlo se encontró con una niña de vestido azul sobre su caballo pequeño. Ese caballo, a pesar de ser más chico que los demás caballos, era mucho más grande que Luther. En es momento el gato negro pensó: “el mundo es mucho más grande que unas cuantas manzanas”.

Una tarde tuvo mucha hambre, llevaba varios días sin su plato de leche y su comida en forma de pescaditos de colores. En medio de ese revoltijo de tripas vacías, que ya hacían ruido, conoció a un gato muy parecido a él. Se hicieron amigos. Y por suerte para Luther, compartieron algo de la comida que había en un plato.

Fue después de comer que su nuevo amigo lo llevó a la esquina de los gatos. En ese lugar se juntaban gatos y gatas por las noches. Luther jugó un rato con todos. Esa noche durmió sobre unos pastos secos, bajo un árbol, no estuvo muy cómodo. Después de meditarlo un poquito decidió volver al encuentro de su viejo trapo.

Pudo ver la luz de la luna por entre las hojas y pensó en que la Michi podía estar cerca… Volvió a su casa. Lo recibieron con mucha alegría y comida. A pesar de que no encontró lo que buscaba sintió, en su corazón de gato, que su viaje lo dejó lleno de fuerza.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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