Mapas/planos/edificios/construcciones/lenguaje

Es de noche. Escucho a los autos que pasan por la ruta. La oscuridad es completa. Lo ocupa todo. Hay un olor dulce que no lo puedo describir más que de una sola forma: es el olor de la habitación de mi abuela. Ahora me acuerdo de los muebles de esa pieza. La cama, el ropero. Una puerta da al patio y la otra puerta da a la cocina. Tengo el recuerdo del olor de la cocina. La cancha de fútbol de enfrente. El banco de cemento y ladrillos en la puerta de calle, entre dos árboles.

Me dan ganas de llorar, pero no porque sienta que perdí algo, ni por los tiempos que pasaron. No estoy seguro que esos tiempos hayan pasado. Siento el recuerdo de las madrugadas en esa habitación, y el canto de los gallos, como algo por venir.

¿Es felicidad cuando veo un rostro y me gusta? No estoy triste. Por el contrario. Siento que puedo estar en contacto con las cosas.  Se interponen miles de palabras entre las cosas y yo. Primero las construcciones, luego los sentimientos.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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