Los caminos de Martín

Personajes.

Martín Caminos, músico
Ingrid García, esposa de Martín, cineasta.
Benjamin Caminos, hijo de Martín.
Alelí Caminos, hija de Martín.
María Esteros, amante de Martín y cantante.
Guadalupe Caruzzo, amigo de Martín

Primer acto.
Martín se encuentra rodeado por una multitud. Giran entorno a él. Lo confunden. No se puede ver mas allá de la gente; sin embargo se puede hacer un esfuerzo.

Se queda solo, en medio de la nada. Nadeando ser.

Martín

Sabía perfectamente que no me sentaría a tomar un café con una mujer que lleva zapatos abierto en el mes de julio. También sabia que el que estaba en problemas era yo. No es que no me gusten los pies de las mujeres; por el contrario, son una parte del cuerpo adorable. Soy un adorador de los pies femeninos. De la forma, de las uñas, de los talones…es que en julio generalmente hace frío y hay que usar medias. En realidad es una cuestión de estilo, de gracia. Una prenda elegida en el momento justo, eso es estilo. Además los pies deben ir bien resguardados del frío y las calles están cada vez peor…no, no, no… Un pie pequeño, delicado, cuidado hace de una mujer, una mujer con los pies bellos; son parte de la historia de ese cuerpo, de esa mujer. No es la única parte, pero es distinta a los demás (pausadamente) pedacitos de cuerpo, nos muestran el pasado, ese pasado de ausencias y despojos o todo lo contrario, de una vida cómoda, nutrida de cuidados, de encantadoras caminatas por la playa…

(Ruidos, voces, sonidos que se confundes en Martín. Finalmente música).

Martín

Siempre escucho ruidos; no, no estoy loco, deben ser las pastillas…hay otros mirándome, no los conozco. (Mirando el suelo.) No me conozco… Son tantos, tan lindos, tan lindas. (Ruidos). Parecen disparos o un tren lejano. (Levantando la mirada.) Parecen suaves, dóciles, fuertes, más fuertes, menos fuertes. Pero…siempre están, siempre los veo…Yo por las dudas aquí con mis cosas, mis libros, mis discos, mis diarios, los diarios de Franz. Los discos de m. Las películas que veo, frecuentemente archivadas en la escalera por falta de lugar, la guitarra, el sueño pop de los años melancólicos… (Mirando a su alrededor) una hermosa planta. (Dirigiéndose al publico público.) Creerán que vivo solo, no, no, no…esta Ingrid, Benjamin, y Alelí. Ingrid es mi esposa, los otros son mis hijos. No tengo nada de que preocuparme, estamos bien, el hogar esta integro, soy lo que soy, soy uno.

(Se escucha la misma música, los mismos sonidos y el público, la misma mirada. Parece que Martín no logra darse cuenta de cómo cambiaran las cosas.)

La insatisfacción se presenta, es verdad, pero ya casi me doy cuenta de que esto es así…no lo se…se presenta como insatisfacción, pero es poco palpable. Si, a veces es lo único palpable. Son estas contracturas que me torturan (tocándose el cuello)

Me hacen sentir el cuerpo, con este peso…sigo estos pesados ritmos que me hacen carne constantemente. Este peso sobre mis hombros que no me deja ser libre que no sé que es. Este peso, este maldito peso… Hacen que tiemble al más mínimo contacto con las mujeres de pies bellos. Este cuerpo que no puede escaparse de este cuerpo, de su peso, puede romperse, lastimarse. Nunca me lastimaron, pero supe mantener las heridas bien abiertas. Mi viejo me decía: (emulando a su padre) “cogelas a todas, cagalas primero, son todas unas putas; cagalas antes de que te caguen a vos”. Y yo no me cogía a nadie, siempre solo. Y él me decía: “no importa cogelas y cagalas antes de que te caguen a vos”. Yo solo pensaba en el futuro. Me imaginaba las posibles salidas, (con sorna, sarna) en el futuro de mis sabanas.

Él me tenía confianza, todavía cree que soy bueno, nada más que no elegí lo que ellos querían para mí. No era posible para mí vivir en alta-lata mar, en un barco, ni tampoco ser ingeniero, ni abogado. (Imitando al padre) “ya le vas a agarrar la mano, sos muy pendejo todavía. Veinte años. Cuando tenia tu edad yo era un…pendejo”. (Recordando un viejo recuerdo, muy melancólico.)

Siempre fallaba por cinco segundos, no mas que eso. Me acuerdo un día en que conocí una mina igual a Adriana. Al menos yo pense en ella, era muy parecida. Casi la invito a salir, pero falle por cinco segundos. ¿Dónde estará Adriana en este momento, terminando sus estudios en algún país de otro continente, a miles de kilómetros de aquí? Siempre supe que se iría lejos… a Tánger, siempre me la imagine a esa distancia, en la misma ciudad africana, donde William Burroughs escribía su obra más importante o en ese lugar en el mismo bar donde Jack Kerouac tomaba café en Columbia; lejos. Yo para ese entonces pensaba en mi futuro… y en el futuro de mis sabanas.

Eso me hace acordar el día que en el subte vi una hermosa mujer…tan linda como Adriana. Con el pelo rubio, los pecho parados y desplegados ampliamente sobre su cuerpo. Con una remera de hilo color ámbar, que permitía ver su piel, su corpiño…el color de su piel…que desesperación cuando me di cuenta de que se bajaría. (Lentamente) Estación Uruguay. Aquel día no pude dejar de pensar en la posibilidad de encontrar en la ciudad a esa mujer. La ciudad.

(Entrando, lentamente, pensando en las escenas de sus películas, en las escenas que nunca podría representar, Ingrid)

Ingrid

(Indignada)

Lo que te decía Martín, siempre lo mismo de siempre. ¡Son unos imbéciles! Son lo menos autentico que se pueda conocer deberían ser contadores. Nada mas actúan, simulan; en ningún momento son auténticamente otro. Entonces cada movimiento es como si lo pidieran prestado, pidiendo permiso a cada gesto, en cada mueca…la cámara lo ve todo, eso se refleja en cada escena

Martín

Autentico… (mirándose las manos) mira mis uñas.

Ingrid

Si autentico, ser realmente uno, para poder ser otro. La paradoja de la representación.

Martín

¿Representar que?

Ingrid

Es verdad son unos imbéciles, no tienen nada que representar. No podrán ser auténticos jamas.

Martín

(Mostrando sombras, lentamente.)

¿Quién puede? ¿Quién puede ser autentico? ¿Qué representan? ¿Quién puede representar algo? ¿Quién es algo? Presiento que nadie es nada, no hay nada que representar.

Ingrid

Martín, eso no me ayuda en nada…

Martín

Perdón, no quise entorpecer tu trabajo, solo que…no hay paradojas. Ingrid, ¿por qué no descansas? Dejame tenerte a mi lado como …hace tanto tiempo que no siento tus abrazos…se pide tan poco para sobrevivir en este hastío. Todavía a veces siento ganas enormes de abrazarte de protegerte, de volver a mirarte…de sentir el calor de tu espalda…la sal de tu pelo en las mañanas mezclada con el aroma de la habitación; el olor de mi cuerpo y el tuyo. Eso que conocí con el tiempo, el tiempo ya no se muestra como lo conocíamos…ya lo desconozco.

Ingrid

¡Por favor Martín! No exageres, tenés todo lo que querés. Querías una familia y la tenés, querías escribir tus canciones y lo haces. Ingrato, no te falta nada. Mírame a mí sin poder terminar esta estúpida película…

Martín

(Con sorna.)

Te agradezco por todo lo que me diste. Eso implica que nada me falta. Además te tengo a vos. Es verdad, que más puedo pedir. La gran directora y productora de teve.

Ingrid

No me tomes por estúpida. ¿Qué es eso de abrazos? Yo sé de tus andadas con la turra de María. La cantante de cabaret con la que salís. Seguro que te la chupa bien, ¿no?

Martín

María canta en el teatro, no donde vos supones. (Dando un informe.) Sí, la chupa bien, no coge porque siente remordimientos, recuerdos de su marido, el padre de su hijo, que llora cuando voy a su casa. Me escucha mis quejas. Nada más. Esa parece ser la misión principal de mi amante de los viernes. (Volviendo al lugar de la discusión.) Yo lo que necesito son tus abrazos, tus mimos. No de tus comentarios de cine, ni de tus amistades, ni de los estrenos del cine nórdico, ni de las miradas de tu familia, que siempre miran lo que no les corresponde. De todas formas no deberías preocuparte, de nada sirve que me reproches que todo lo que me pasa; no me satisface, ni vos, ni María, ni la música, ni el canto de las sirenas.

Ingrid

Que romántico soy cornuda, pero duermo con un poeta.

(Martín no soporta las discusiones; menos aun las discusiones que no conducen a ninguna parte. Un fuerte murmullo invade la mente de Martín. La música de siempre de mezcla con la música de la culpa, del sin-sentido.)

(Una fuerte niebla, niebla lo que ya no se sabía que era: si era fuerte niebla que niebla o un fuerte sueño.)

(Es un sueño, se dirige a ninguna parte, es el simple esbozo de un ruido de su garganta)

Martín

Parece que sangro. Una vez más sangro. Ya no me duele. En realidad, nunca me dolió el dolor de mis sueños, de las cargas sin peso, de los miedos ocultos tras esas gruesas rocas de cemento, de semen todo era contra tu espalda. De los sueños que inundaban tus angustias y mis angustias, de las sombras de la noche no se nutren los niños. De las sombras de la noche se nutren los que sueñan. Como esa gran roca partida por esa cascada de reverdeciente moho, tus ojos…ya no es cuerpo este maldito sueño que sueño, ya no corren los peligros del azar, de esa noche entre tus piernas….

Guadalupe (con la imagen de una Guadalupe niño, de rizos dorados).

Martín, que pasa… (preocupado, contempla a su amigo).

Martín

Amigo Guadalupe. Este es un sueño…este es mi sueño de mis problemas…No sabes lo que me pasa: soy un nabo.

Guadalupe

Tus problemas. Martín, siempre el mismo. Tus problemas son de todos, todos son el problema, de tu problema…de ese laberinto del que no salís a no ser que te sodomise un ejercito. (Mirando al cielo, para ver si es posible la llegada de un ejercito.) De ese laberinto salimos todos; tarde o temprano, los tiempos buenos y los malos nos tocan a todos. Además ya sé que no sos un nabo.

Martín

Me lo dijo una preciosa niña, hace años…era una tarde de, no sé que mes del año, yo tenia mi camisa a cuadros, a ella le gustaba. Estaba tan bien esa tarde de encantamientos. Todo parecía perfecto, el té verde, el espejo en que nos mirábamos y ella me dijo que se quedaría conmigo, pero no podía porque su cuerpo era de otro…yo no podía besarla, no podía tocarla. Era una tarde hermosa.

Guadalupe

Esa preciosa niña esta lejos, en el sur de tus pensamientos, en los remolinos de tus vientos, en el fragor de la envidia del pene. Esa niña parecida a una muñequita no existe más, no conoce el miedo de correr en la noche de… (Guadalupe, trata de mentir, pero falla.) Conozco el amor de tus pensamientos para esta niña de los montes del Roca. Conozco el amor que tenés por los suburbios.

Martín

Si me gustaban mucho los viajes en tren por los suburbios, pasar la noche en un rincón en donde nadie me reconozca y nadie sepa donde estoy. Y yo paseando por la noche. Trataré de salir de esos remolinos, de la noche interior, aquí ya no hay un dios que me proteja.

Guadalupe

La curiosidad mata al hombre, pero alimenta a los animales.

(Despierta Martín del ensueño, Ingrid ya no estaba con él, seguramente ya estaría con sus cosas y con sus hijos. Martín debe salir a la lucha.)

(Llega María)

María Esteros

¡Martín! Estaba esperando que me llames luego del ensayo, para arreglar el próximo encuentro del grupo. Estuve en casa todo el día esperando… ¿qué te ocurre? Por que me estas esquivando. Todo el día estuve ayer con mi mamá y mi hijito, yo no podía llamarte.

Martín

María no tengo por que llamarte y si tenías que combinar los horarios del grupo, solo tendrías que haberme llamado por mas que estuvieras con mamá, papá, o quien sea. Además ya se sabe que será el próximo viernes, como siempre.

María

Ya sé Martín, es que quería contarte los problemas de papá y mamá, parece que el viejo quiere dejar a mamá por que ya no cogen.

Martín

Tu viejo no da más…

María

Parece que el viejo es una máquina y es mamá la que no quiere saber nada

Martín

Es de familia, entonces.

María

Me estas cargando, no quiero verlos separados.

Martín

Pero, María, tenés que darte cuenta que no puedo yo con mis cosas y vos venís con los secreto de toda tu familia, que tus viejos no cogen, que tu hermana se depila las cejas con los dientes y que tu hermano fuma marihuana en la bicicleta cuando anda por la avenida Santa Fé…y la puta que lo parió…y yo no puedo tenerte…

María

Yo te necesito a vos Martín, no me dejes. Necesito un hombre.

Martín

Vos necesitas a un padre. Alguien que solo sea padre, padre tuyo, padre de tus hijos. O un padre de algún vecino, nada más que eso. O un cura; o mejor a Dios, al padre de todos nosotros.

María

Por que decís una cosa así. Me lastima que digas esas cosas espantosas.

Martín

Pero es así María, por que nunca vas a estar conforme. Cuando te digo lo de Dios no es desacertado vos querés eso, todo, todo el ser en un momento en un instante y no perder nada, no entregar nada, no perder un solo centímetro de tu carne y mucho menos de tu espíritu. Querés que te sea entregado todo, por nada y no es así. Aunque te duela tenés que darte cuenta que vas a tener que perder, ya sos grande y perdiste demasiado y lo seguís ocultando.

(Entrando Ingrid por donde nadie la ve).

María

¡Vos seguro que perdiste todo por los demás!

Martín

Lo que yo te di no lo perdí.

Ingrid

(Escuchando las últimas frases).

¡Claro Martín nunca pierde!

(Aquí termina el primer acto del cual nada se puede concluir. Después de la frase de Ingrid nada se puede decir seria una discusión interminable, en fin…)

Segundo acto.

Esto se tiene que orientar hacia algún objetivo. El camino es camino, pero debe tener un paisaje en la narratividad de los personajes, de Martín.

Martín

El autor se pregunta sobre la posibilidad de poder reencontrarme conmigo mismo, de poder salir adelante creando nuevos caminos, de no vivir mis problemas como si solo fueran míos, encapsulados en mi mente. Abandonar mi interior. En verdad este buen hombre tiene inquietudes dignas… (¡Por supuesto esto dicho con ironía!). Aquí se acercan mis hijos…

Benjamin y Alelí Caminos

Hola papa. (Saludan a dúo. Tienen edades parecidas, casi se podría decir son de la misma edad. Unos 25 años; gozan de libertades, de cariño; pero parecen niños, etc.)

Martín

¡Hola queridos! (Con ternura).

Alelí

Queríamos conocer los secretos de nuestra familia… de acuerdo a nuestros cálculos, tu amante viene dos veces por semana; debe venir a ver como sufre la cornuda de tu esposa.

Martín

Es tu madre.

Benjamin

¿Es una pregunta?

Martín

Mi esposa es tu madre

Benjamin

¿Quién la cornuda?

(Nadie se escucha)

Alelí

No hay tantos secretos como crees, Martín. Te equivocas, debes actuar hasta las últimas consecuencias. Ya los secretos no lo son más, ¿qué es entonces el secreto de nuestra familia, papá? En la cripta ya no se guarda el misterio carmesí de la inocencia, nadie culpa a nadie. Pero hay que reconocer las flaquezas de tu cuerpo. Ya no hay secretos de familia, ya no hay familia. Ya no hay nada que ocultar. No hay nada oculto bajo las aguas que en otras épocas nos hacían sumergir en las profundidades del río oscuro. No hay cofrecitos que puedan guardar lo que no tiene lugar donde esperar ser descubierto.

Benjamin

¡Basta! ¡Alelí! Él sabe que hacer, ya es grande. Además tengo hambre.

Alelí

Es probable. Esto no tiene sentido con tan poco público. (Mirando al público).

Martín

¿Qué es mejor? ¿Espinas como labios o labios como espinas?

Benjamin

Son cosas totalmente distintas. Pero no hay unas sin los otros, ni unos sin las otras. ¿Pero se pueden guardar ya? (se refiere a los secretos)…en donde se pueden ocultar…

Alelí

Como dos gotas de agua que caen para ya diluirse en el agua en donde caen, como dos lágrimas que caen en un mar salado; así se pierde el secreto de nuestra familia.

(El secreto es que no hay secreto; no hay a donde dirigir las miradas; no hay un resto donde poder guardar a nuestro personaje, que vive como un niño oculto. Martín otra vez solo ve como ya nadie lo rodea. Las multitudes no saben acompañar a un hombre solo. Cómo la realidad se le presenta cruda. Llora.)

Martín

No me queda más que llorar, mirar a mí alrededor y darme cuenta que no hay nada más que me pueda contener. Cada vez que lloro ella pierde el control, ella pierde el control, otra vez. Crujen mis huesos, sonidos, oídos gritan en mi oído, el otro no oye nada, nada.

Sensación del mi cuerpo, temblor de mis manos, vacío en la tripas y ella pierde en control.

1 Obra en dos actos.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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