Elecciones 2013

Al principio sentí un poco de culpa. De hecho, sentí que estaba mareado, como sobreoxigenado, una resaca extraña. Tenía los pelos electrizados.  La piel, de repente, se me puso tirante y caliente, por un instante. Instante seguido, calor, la sangre me subió a la cabeza, transpiración en la nuca y las manos.

Google, “su nombre + DNI”. Encontré su número de documento en menos de un segundo. 0,39 segundos. Con ese dato entré al padrón y encontré la escuela a donde iba a votar el domingo. En la página había una foto suya. Calma, una calma cínica, perversa, como si le hubiese puesto un dedo en el ombligo con total impunidad, a oscuras, en un ascensor. Ya tenía el dato. Quedaba todo por hacer.

Domingo. Me levanté a las 6.30. Hice todo en 20 minutos, bañarme, vestirme, café. Puerta de la escuela, 7.10. Bien. Hasta ahí perfecto. Hablé con un gendarme: “Vengo a ofrecerme como presidente de mesa”. No me ofrecí como fiscal, puse tono de “soy el presidente”. A lo que me respondió: “Pregunte en la mesa  415”. Mi intención era estar en la mesa 416, así que no estaba tan mal eso. Mejor no me podía salir la cosa hasta ese momento.

Hablé con una mujer. Le dije que me había enviado el gendarme. Me preguntó si tenía el documento. Saqué mi celestón. 7.30 era el presidente de la mesa 415. Tenía todo el día para verla pasar. 8.30. Facturas, mate, bromas con los fiscales. Una era del PRO, que estaba más buena que la mierda. Rubia, linda, un poquito nazi. El discurso de siempre:  los planes trabajar y los vagos, la asignación universal y que las mujeres no paran de tener hijos, que el gobierno se está robando todo, pero tan hermosa. El otro pibe, pobre, del PO. Le pregunté: “¿Ché, y vos, sos obrero?”. Ya sabía que me iba a venir con la cantinela de que defiende los derechos de los trabajadores, etc. Se justificó y terminó su discurso. Mientras, meta firma y comprobante (esta vez no se firmaron, ni sellaron los DNI). Y, me la tenía guardada: “¿Vos sabés que Altamira, que Jorge Altamira, no se llama así, que ese no es su nombre real? Se llama José Saúl Wermus”. Listo, con eso se sacó. Se puso re nervioso. Me explicó que en Argentina hubo una dictadura y que por eso llevaba un nombre que no era el suyo. Le pregunté por qué, entonces, otros políticos tenía su nombre real. Se re calentó y se fue al baño. Supongo que a hacerse la paja pensando en los labios de José Saúl. La nazi del PRO me dijo: “Qué, ¿es judío? “. No le contesté. Ya era mucho, además, no era el objetivo de mi día.

A las 11.30 llegó lo mejor. Durante toda la jornada hubo mucha comida, pero a esa hora trajeron unas milangas que eran un sueño. Estaba lleno de gente, colas largas en todas las mesas, pero no me importó, pude disfrutar del sanguche. Mmmmh, milanesa. Me imaginé que la cosa iba a pasar a eso de las 13.30. No me equivoqué.

La primera sensación fue de anestesia total. La sangre dejó de correr por sus canales para quedarse estática, muerta. Con el hilo de sentido que me quedaba me imaginé pálido. Y, también, pude poner en una línea mental: “¡Qué pelotudo que soy, Dios mío!”. Volvió el aire al cerebro.

Me levanté de la mesa, dejé a mis ayudantes a cargo. “Uh, no te puedo creer. ¡Qué casualidad!”. Se puso roja. No la veía desde hacía un año, más o menos, que me la crucé cerca de la facultad. Sentí, muchas cosas juntas. Fue el amor de mi vida, la posibilidad de la felicidad terrena que yo tiré a la basura porque en un momento exploté: Celos.

“Ché, y ¿cómo andas?”. “Bien”. Y me la mandé: “¿Qué hacés por acá?”. Me miró como diciendo: “Ah, pero qué imbécil”. Todo esto mientras ella hacía la cola para votar, y mientras los fiscales me llamaban a los gritos, porque alguien pedía que le llevaran la urna a un ciudadano que no podía ingresar al edificio.  Reclamaban que le llevaran la urna hasta un taxi que estaba a la vuelta.

14 horas. Salgo con la custodia del gendarme de la primera hora a la calle con la urna. Mientras caminaba por el pasillo de la escuela, pensaba: “Seguro que vota a la abortera. Bueno, al menos, es la única que propone un problema a resolver. No como el otro gil que quiere que todos los diputados vayan al hospital y seguro que él tiene Osde 5400 del orto.” Al mismo tiempo, sentía que el sanguche de milanesa se estaba digiriendo y el placer era máximo: yo, el presidente que digiere.

14.17. Retomo mi puesto. Sorpresa. Se para frente a mi mesa, la miré y pensé: “¡Dios mío, es hermosa, la amo como aquella primera vez que la abracé!”. Se pone roja y me dice: “Si seguís subiendo tus boludeces a ese blog te hago cagar a trompadas”. Segunda sorpresa: no me importó. Me paré y le dije, entre dientes y con una sonrisa falsa: “Si me hinchas las bolas te hago sacar por Gendarmería”. Sabía lo que venía: se puso a llorar, bajó la cabeza y se fue.

Quedaba lo mejor, aún. Contar los votos. “¡Ché, me parece que José Saúl no llega esta vez, eh!”. No me contestó el militante repartidor de revistas. La nazi me sonreía. Sin querer le hice ojitos. ¿Qué hacer? Miré su cruz en el pecho. Otra novia católica.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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