Librero

El librero es un particular empleado de comercio. Tiene todas las desventajas de un trabajador que tiene que estar muchas horas en la atención al cliente. La diferencia es que el librero no puede separarse de lo que vende, no considera al libro un producto, ni en el peor de los casos, sabe que un Grisham caerá siempre en manos de su lector adecuado. En eso también consiste su trabajo: cada libro tiene su lector. Eso es lo que dice Hernán Lucas en su nuevo libro: Aquilea, crónicas de una librería.

Portada del nuevo libro de Hernán Lucas

La calle Corrientes es la avenida con más tradición en librerías, la desaparecida Fausto (fagocitada por Cúspide), Hernández, Del Libertador por sólo nombrar algunas. Conviven las librerías de nuevos, usados y saldos. En los últimos años la comercialización del libro de hizo muy difícil, el margen que dan los distribuidores de ganancia a los libreros es cada vez menor. La mayoría de las grandes editoriales pertenece a grandes corporaciones, ellos venden y no les importa mucho el que pone el local, las horas de atención, etc. Tener una librería es muy difícil, los alquileres altos, el personal, etc.

Sin embargo hay en la ciudad nuevas librerías, o algunas que ya tienen años y logran mantenerse. Así como también, hay nuevas editoriales, chicas e independientes que mantienen catálogos, en general, con autores argentinos. Tal es el caso de la editorial Bajo La Luna que publicó el libro de Hernán.

Flaubert decía que si uno quiere dedicarse a la literatura no tiene que dedicarse al libro, ni venta, ni edición. Sin embargo, parece que la relación entre los libreros y la literatura resulta inevitable. Hernán Lucas es el dueño de una librería de usados y saldos ubicada en la calle Corrientes.

Aquilea es un libro fragmentario, con un personaje-narrador que va desarrollándose a medida que pasan las pequeñas anécdotas. Ésta es una característica de la novela. Saber qué le pasa al personaje con cada pequeña aventura (a veces no tan pequeña) es lo que hace que uno siga adelante en la lectura. Aparecen algunos personajes secundarios que le dan coloridos a las horas detrás del mostrador y de la computadora que tiene múltiples funciones. Pero lo persiste es la cabeza del librero-autor que no puede dejar de completar historias. Cada retazo de imagen se convierte en una historia, o en la vivencia de un personaje como cuando Baudelaire nos cuenta que ve a una mujer mayor a la luz de una vela a través de una ventana y se la imagina sola y aturdida por el paso de los años. Es la fibra del escritor en Hernán la que consigue que todo continúe y que pueda burlarse del tiempo de todos los días (el tiempo que nos da el sol y la luna) para convertir las imágenes de la pantalla (que es la gran apertura del local a la calle) en el tiempo particular de la narración de cada pequeño fragmento. Se mezclan historia personales, historias de libros que alguna vez pasaron por sus manos, historias de bibliotecas y sus dueños pasados.

Uno de los temas de fondo de Aquilea es el ebook. El miedo del librero de que no le compren más sus objetos de papel y cartón. Tengo la certeza de la capacidad del hombre por narrar es algo que no desaparecerá nunca, o desaparecerá junto con este mundo. Mientras tanto conviven los diferentes soportes. El futuro del librero siempre fue incierto.

Acerca de Daniel Altamiranda

Daniel Altamiranda: Frente a la vieja dicotomía de escribir parado y bailando (Escritura Dionisiaca) o sentado (Escritura Apolínea) prefiero escribir comiendo.
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